Sobre la calle Canelones...

Las grandes celosías daban sobre la calle Canelones. Las habitaciones se sucedían formando un rectángulo hacia el fondo.

 

Los hombres caminaban en silencio.

Los gatos se enredaban entre las piernas de los pensionistas, fantasmas anunciando que no había más lugar.

 

Era como entrar en un túnel de tristeza, donde la comida se robaba,

los gatos orinaban y dejaban sus excrementos en la misma pileta donde la gente  se lavaba las cara.

 

No había mujeres, solo aquellos hombres vagando sus miserias.

 

La habitación que le había tocado quedaba al fondo. No era compartida. Las gotas de lluvia caían sobre la cama, traspasando el cielorraso de espuma.

 

Las lágrimas mojaron las sábanas. Los sueños lo mantenían con vida.

Sabía lo que era hambre, lo que era soledad.

 

Eran en esas noches donde el hombre se entregaba al niño, sintiendo, llorando alivio.