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  • Alejandra Castillo Flores

Diálogo de un creyente (Mt 11, 28)

Son las siete de la mañana y el celular canta una canción suave de manera que me levanta sin sobresaltos. Entre todas las opciones que traía fue la que me pareció más amigable.

Hace rato los ómnibus pasan por la calle haciendo vibrar los vidrios de la ventana.

Camino despacio hasta el templo, voy buscando silencio.

Debajo de mis pies crujen las hojas de los plátanos, si me esfuerzo, escucho a lo lejos un benteveo.

Los pocos escalones que transito me llevan a ese tiempo tan mío y tuyo, ya sea fiel o infiel, segura o llena de dudas.

­­—Decime: —¿Cuándo deje de creer en vos?

—No sé. Vas y venís. No llevo la cuenta. Escucho la tormenta en tu mente, si tan solo hicieras silencio y permanecieras, tendrías todas las respuestas.

—Al principio mis dudas me confundían. Hoy me gustan. Me llevan a buscarte donde sea.


¿Sabes que hoy me levanté cansada?

—Vuelvo de a poco. —Pienso.

—¿Por qué tanta exigencia? A veces me ves y otras no. Dejálo así. ¿Ves a tus amigos todos los días?

—No. Pero sé que están.

—Dejemos eso. Vení, sentate. Respiremos juntos.

Cierro mis ojos y respiro, alguien trajo flores con un perfume dulzón. De a poco me dejo penetrar por el silencio y el perfume que ha invadido el lugar. El oleaje de mis pensamientos va encontrando mansamente la orilla y allí descansa. ACF 2020




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