Eran dos mujeres fuertes

Eran dos mujeres fuertes.

 

Una triste y la otra

sin saber quién era.

 

Una entre vaivenes eufóricos

y la otra en extraña armonía.

 

Eran dos mujeres.

Una fusión extraña.

 

Se iba la noche.

Llegaba el día.

 

Ambas se separaban,

tan solo se tocaban los dedos

cuando se marchaban.

 

Una miraba la vida.

La otra ya no miraba.